domingo, 28 de julio de 2013

Lo quiero todo

Si solo tuviera que juzgar por lo que este momento me dice, siento que he llegado a un punto en el que no debo pedirle mucho a la vida, porque me veo a la luz de mis expectativas, sobre el escenario de lo que he logrado, y todavía no lo he alcanzado. Sí, eso, con lo que sueño. Y aun así, me rehúso a rendirme: quiero todo con lo que sueño.

Honestamente, sé que no lo conseguiré todo. Para ser aún más honesta, hoy mis sueños son muy diferentes a los que soñé cuando era niña, pero los sigo manteniendo y únicamente los cuento cuando no se han cumplido o veo que, de plano, no se cumplirán. Y esto lo hago, porque es que mis sueños son como un tesoro: toca tener el mapa bien escondido y el lugar muy secreto, hasta que se puede sacar y disfrutar. Sin embargo, los que sí se cumplieron, son mi realidad y no toca contarlos ya. Me dan esa satisfacción interna de que lo loco y ambicioso sí se puede obtener.

Una frase que leí por ahí, decía: "Los sueños solo mueren si muere el soñador". Pues.. todavía hay sueños.

lunes, 22 de julio de 2013

Abuelito, lo quiero mucho

Roberto Nieto Munguía

Me quedé con las ganas de sentarme en sus piernas y acariciar su rostro arrugado, sintiendo los vellos de su incipiente barba blanca y y de los ojitos que añoraban años pasados. Apenas lo vi algunas veces, pero siempre sentía el anhelo de llamarlo "abuelito" como hacían las niñitas de pelito rubio y rizado en las películas y, especialmente, porque usted me llamó nietecita.

Esta dedicatoria aparece en el libro La Virgen de la Paz. Breves apuntes militares y literarios.

Lo despedimos apenas unas cuántas personas. Quizá sus compañeros de la milicia no se dieron cuenta que ya partió, pero poco a poco les irán dando la noticia. Lo recordaba tan alto y robusto, pero antes de viajar - como dice con algo de nostalgia la abuela Esther - ya estaba delgadito y me renacía ese cariño de hace tantos años. Qué tontita me sentía tratando de comportarme con naturalidad frente a usted, cuando en otras ocasiones soy tan segura y tan propia, tan impulsiva y (dicharachera) desbocada en otras. Si en su rostro yo adivinaba mi mismo sentir, al menos eso me parece.

Lo extraño, de una forma tan especial... No viví ninguna etapa de mi vida con usted, pero con toda la gente que he conocido a lo largo del camino recorrido, en el último año me he dado cuenta que no hay como la familia; la que está apoyando, ayudando a crecer, corrigiendo, o al menos, anhelando un poquito del cariño familiar, claro. No toda la sangre compartida es familiar. Y lo quiero, lo quiero mucho abuelo.

viernes, 5 de julio de 2013

¿Un Santo General?

Hace unos días tomé un taxi directo para ir a la Francisco Morazán. Así se lo dije al taxista y, al parecer, entendió bien. Tomamos el Bulevar de las Fuerzas Armadas, luego el intercambio San Francisco y, cuando subíamos la cuesta, el conductor hizo un giro, que para mí no era conocido, y le pregunté "¿Esta calle va a la Francisco Morazán?". Sin perder tiempo, y hasta con una sonrisa (de alivio, creo), me preguntó de vuelta:  "¿Y es que usted va a la residencial?". ¡Ja! Le sonreí de vuelta y le dije que sí, que iba a la Residencial Francisco Morazán, mientras él casi me lleva a la San Francisco.

Imagen tomada de Centinela Económico

Sin embargo, ¿qué diantres salió mal en la conversación que no nos entendimos desde el inicio?

Él quería, para quedar más claros, que yo le hubiera dicho "Residencial Francisco Morazán", porque, así como hicimos el trato, él entendió que yo iba a la Colonia San Francisco. Y aunque sí hay diferencia entre residencial y colonia, el General Francisco Morazán no es un santo ni San Francisco lleva por apellido Morazán.