sábado, 2 de noviembre de 2013

De esperanza habla esto

Mientras preparo las notas para La Cumbre Global de Liderazgo (CGL) Tegucigalpa 2013 hago un recuento de lo que aprendí el año pasado. Bill Hybels, con su experiencia en un ministerio grande, grandísimo, habló con franqueza sobre el momento más difícil que hay entre emprender una idea y verla culminada: ese punto medio en el que la motivación del inicio se diluye entre las preocupaciones que dibujan el ansiado fin como una utopía. Y, sin miedo a equivocarme, no es necesario que ese emprendimiento requiera capital en efectivo; con que involucre nuestras emociones, tiempo y esfuerzo ya tenemos un punto medio que posiblemente nos ahogará por las incertidumbres.

Imagen tomada de la página de la CGL Tegucigalpa.

De Jim Collins, quedé marcada con esas tres características que los grandes tienen: disciplina fanática, creatividad empírica y paranoia productiva; y en la autoevaluación no he logrado aprobar. William Ury, de una forma muy ligera y simpática nos recordó que el mayor obstáculo de una negociación somos nosotros mismos, pero que es necesario separar a las personas del problema y enfocarse en los intereses que se necesitan cubrir o lograr... no en las posiciones de cada quién. Craig Groeschel, con fuerza e impetuosidad, habló a jóvenes y a mayores, a seguidores y a líderes. Sus principios básicos -los que yo consideré así entonces-: No delegar tareas, delegar autoridad; buscar ser auténtico en el liderazgo, no popular; ser siempre observadores de los líderes buenos que nos preceden ya que los necesitamos.

Pranitha Timothy me conmovió las entrañas. Ella habló de tres verdades en la vida: somos llamados a servir, nuestra vida le pertenece a Dios y Dios es bueno. He visto esas verdades, esos tres principios, en la vida de personas que no han proclamado a un Dios bueno y me maravillo porque de acuerdo a la verdad bíblica tenemos una raíz de maldad que nos acompañará hasta morir; sin embargo, debo admitir que hay suficientes evidencias que demuestran que también la tenemos de bondad. Y es que esto es un asunto de decisión: ¿A dónde dirigiré mi vida mientras la tenga? ¿Para qué será útil mi vida?

Claro está que no soy conferencista en la CGL. Mi papel en la edición local es informar a los congresistas sobre las pautas del desarrollo del evento; sin embargo, escucho y aprendo con ellos, y el reto es lanzado tanto para ellos como para mí. Después de esa edición de la CGL he tenido un año accidentado* y a una semana de volver tengo que hacer catarsis y aprovechar que tengo eso que me da vida: esperanza. Esperanza de tener una vida libre para vivirla. Esperanza en que tengo una vida para dar.

Tengo esperanza.

*La única razón para delimitar el tiempo de esa manera fue porque la CGL del 2012 coincidió en ser una semana antes de la decisión que desencadenó los eventos de este año.

jueves, 31 de octubre de 2013

Una notita de frustración con Claro Honduras


He pensado en escribir esta entrada varias veces y todas me he detenido porque me dije que podía esperar a ver si había una respuesta a tanta queja; pero no es así. Así que aquí va.
Por mucho tiempo pensé que eran, entre las tres compañías de celulares que existen en el país (y que, a pesar de que la del Estado todavía exista, bien podríamos decir que solo existen dos), la mejor. Era fiel en hacer recargas electrónicas para mantener mi saldo vivo y le recomendaba a casi todos que se cambiaran a Claro. Por favor, que la lengua se me haga chicharrón. Antes de proseguir, la empresa me ha dejado satisfecha en algunas otras áreas, sí. Pero... el saldo, señores. El saldo.

Deberían pensar que, como leí en una entrada del blog de Enrique Dans, no es sostenible construir un modelo de negocio basado en irritar y frustrar a sus clientes. Bueno, si tenemos solo tres (repito, prácticamente dos) compañías de telefonía móvil, seguramente esta situación les preocupa poco pues su mercado es -casi- cautivo: no cambiaremos números de teléfono por los contactos que ya lo tienen, pasarse a la otra compañía podría salir más caro o es que el tiempo de hacer ese trámite es tiempo perdido. Sin importar cuál sea nuestra motivación para quedarnos con ustedes, tiene que quedarles claro: estamos descontentos, decepcionados, defraudados, enojados... En fin, sin sonar demasiado dramática, el saldo bono con su vieja política era uno de mis alivios en el presupuesto. Hoy, cada vez que lo preparo en la tabla de excel, no puedo pensar bien de ustedes. De ninguna manera.

Expondré las razones que a mí me hacen pensar que claro que hay cosas mejores que ser Claro. Primero, mi teléfono y servicio lo adquirí con Digicel y venía con una promoción espectacular que, a partir del 15 de octubre cambiaron sin  previo aviso. Mal. Decepcionante. Segundo, cambiaron la duración del saldo bono para conectar con todas las redes, un beneficio que todos los usuarios cuidábamos dentro del alcance de nuestros presupuestos, y eso me parece aún peor. Mucho, muchísimo peor. Es muy posible que, cada vez que algunos de nosotros usamos nuestros teléfonos, tenemos pensamientos difíciles de explicar de la empresa y de quiénes la representan frente a nosotros, se calan nuestros reclamos y despotriques sin tener poder de decisión más que decirnos:


Les aseguro, la sonrisa no me tranquiliza. Por otra parte, las compañías de telefonía móvil parecen aprovecharse de la "necesidad de conectividad" que evidenciamos. Y el problema no reside en que las empresas no busquen su beneficio, sino en que llegan a un punto de rozar el nivel de insultar a quiénes, manos arriba, aceptamos el ¿servicio?. Pero no están escuchando, no están atendiendo a las necesidades de los clientes.

Y, por favor, no asuman que esto es una apreciación personal, veamos lo que en Twitter ronda:










Y los comentarios continúan en Facebook... Pero ya me cansé, tanto de escribir como de pensar en que Claro resolverá el problema para mí y el resto de usuarios.

martes, 17 de septiembre de 2013

Conversaciones, cuentos y conclusiones

Lo primero que debo decir es que la semana pasada fue una semana interesante. Interesantísima, de hecho. La conversación que sostuve el lunes con una persona me ayudó a afianzar la convicción plena de que soy una mujer autónoma y que voy por buen camino. Luego me confirmaron mi participación en el Taller de Cuentacuentos que organizó el Centro Cultural de España en Tegucigalpa. Y sí, conté el cuento; pero más importantes fueron las personas que conocí.

Narradores de la Noche de Cuentacuentos en el CCET.

Quiero dedicarles un párrafo a Karliss, Hermes, Claudia - una tocaya -, Katherine, Rony, Dayana, Caroline y Sandy. La noche de cuentacuentos quedó bien, pero la buena química que hubo entre nosotros sumó al desarrollo final del evento; tanto así, que hasta hemos empezado a hablar de formar un grupo teatral. ¿Se dará o no? No es el momento para decirlo, pero la idea me gusta mucho.

El cuento que nos echamos con la Karliss (con quien no solo tuvimos buena dinámica de trabajo, fue una cuestión de actitud), es un fragmento de El Ratoncito Gris, del médico hondureño y miembro de la Academia Hondureña de la Lengua Víctor Manuel Ramos. A continuación va el video, y aunque sé que hablé muy bajo en ocasiones, mis compañeros me pusieron en cintura y me animaron a subir el volumen (como tres o cuatro veces, caray). Incluso aprendí algunos cuentos que no voy a olvidar, como el de María o el del conejito.
 Y, definitivamente, Karliss hizo un gran trabajo. ¡Las horas que invertimos valieron la pena, el despotrique y las bromas!



Aquí debo hacer un paréntesis. Reconozco que, en general, me enfoco más en las tareas que en la gente; pero con los años uno se da cuenta que es de una forma y que o se hace cambiar o le toca aprender a la fea. Hay gente que no conozco, pero sé que de alguna forma todos estamos conectados. Se estalla una llanta y obtenemos ayuda de quién no habríamos aceptado una sonrisa en la calle; tomamos un café con quien al inicio pensamos que no podríamos tolerar ni para pedir la hora... Así culminé entre sonrisas y abrazos un taller que justo antes de la presentación me tenía un poco insegura y que ahora no deseo perder contacto con algunas de esas personas. Solo con el tiempo y la intención veremos si las amistades se dan. Sí, el balance es que fue una buena semana.

Cierro esta entrada con el video del cuento de Ramón Amaya Amador que conté: El azoro de La Bujaja.

martes, 10 de septiembre de 2013

De verdades y errores rectificados

Calle hacia La Pita, entre Juticalpa y Catacamas, Olancho.

Mientras escuchaba el partido de Honduras contra Panamá y a los vecinos que han celebrado unos goles y renegado otros, estoy aquí, escribiendo algunas cosas que andaba atoradas en la cabeza, que me revolvían las ideas y que finalmente he encontrado la forma de asentar... al menos eso creo.

En las últimas semanas me he escuchado cuando hablo. He aprendido muchas cosas, pero sé que me quedo corta cuando me comparo con mis compañeros y mis profesores de la universidad. Ya alguien me lo dijo alguna vez, y me lo ha repetido otras tantas: quería aprender las cosas de una sola vez. No funciona así y ese era el problema: sentía que podía estar tranquila porque tenía muchas certezas y que solo me faltaba completar mi vida con las que le hacían falta.

Enfrentarme a mis compañeros y a mis profesores me hizo caer en razón que el conocimiento se logra de forma gradual, está inacabado y empieza por dudar un poco. Sir Francis Bacon lo explicaba así: "Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; mas si acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas". Eso sí, trato de permanecer cerquita, lo más cerquita que pueda de aquellos cuyo pensamiento considero apreciable y de quienes sus ideas me dan otras a mí para generar más preguntas. Ya no quiero respuestas a preguntas que no he hecho; en cambio, quiero tener más preguntas, preguntas que me hagan buscar, entender mejor este mundo, la vida, las personas. La verdad es, que hasta hace poco tiempo, pensé que aún mi papel como mujer, ciudadana de este país y habitante de este mundo estaba determinado. Y ya no lo creo así.

Ahora bien, no creo que el conocimiento debe ser solo superficial, caer en el esnobismo, sino que debe ser un saber profundo, liberador. No es solo conocer lo que dijo aquel o este otro, es abrir el cerebro a lo que se desconoce; sobre todo, en la forma que nos enseñaron que se debía ver el mundo. ¿Cree que tiene un guión para lo que hará en la tierra? ¿Sí? ¿Quién se lo ha dado? ¿Qué límites supone este papel? Porque si son para beneficiar a otros, está bien; pero, ¿son , acaso, límites en cuanto a su forma de pensar? Porque a mí, ese papel que se me había otorgado me limitaba: no propongás, no critiqués, no digás, no, no, no...

Del lugar del que vengo, donde hay una creencia profundamente arraigada en certezas, muchos me verán como una pelota llevada por las olas del mar, pero no... no es ir de aquí para allá. Es, mas bien, navegar con un mapa y un destino bien definidos: la libertad sin igual. Una libertad que me da esperanza, que me infunde fuerza y me llena de sueños. Una libertad que defino, sí, como sobrenatural, pero necesariamente ligada a mis decisiones. De la que no solo soy beneficiaria, sino autora. Soy mujer, pienso, existo y soy, algunas veces, libre. Ojalá alcance totalmente la libertad.

Por último, el conocimiento sin la gente, no vale de nada. Llego a saber algo, ¿y es solo para mí? Entonces estoy perdida. En diferentes momentos he acariciado el pensamiento de salir del país para alejarme de las cosas que sentimos nos hunden a diario: la violencia, el desempleo, la mala economía. En otras ocasiones veo las cosas buenas; qué digo buenas. Son acciones e inciativas loables, maravillosas que hacen hondureños y extranjeros en este país; y es entonces que entiendo que no deseo alejarme de mi gente, sino llevar a término el amor que ha nacido y espero culmine con una buena historia digna de otro capítulo.

Es en el último año en el que más me ha dolido el dolor de mi gente, el sufrimiento de los que pierden a familiares en crímenes como el del policía Joaquín Santos Arita o el de mi primo, Gerson Eduardo Rosa Peralta. Me preocupan y deseo aportar mis acciones, por pequeñas que sean, para ayudar a los que no saben leer o escribir porque nadie les ha llevado libros o escuelas y de los que viajan diez horas para las tutorías de la educación a distancia. El amor, ese amor que tengo y que es bueno y grande, une a la gente, la hace buscarse. Es un poco como decía Erich Fromm: "Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida. Si puedo decirle a alguien «te amo», debo poder decir «amo a todos en ti, a través de ti amo al mundo, en ti me amo también a mí mismo»".

No sé dónde está mi futuro si debo definirlo en puntos exactos de tiempo, espacio y situación; pero sí sé cuál es el camino que ahora lleva: el de empezar a liberarme de los determinismos en que me había encasillado y empezar a buscar las respuestas que me harán ser libre y amar mejor. Amar mejor a mi país, a mi gente, a mi familia y, en ellos, a vos.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Mi cabeza

Me gustaba la libertad que me diste,
la libertad sin condición.
Disfruté la aceptación que a mi ser brindaste,
la aceptación sin condición.

Tarde me di cuenta que sí había condición:
mi cabeza por la libertad;
por la libertad, aceptar la nueva condición.

Mi cabeza extrañé, rebelión reclamaste.
Es que pequeña resultó la cabeza que me dejaste.

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Que esto sea poesía a quien le cale. Lo que sí es: mi momento.

sábado, 10 de agosto de 2013

Si no gano, ¿pierdo?

"Cuántas cosas perdemos por miedo a perder".

Me dijeron esto, mas no sé si porque esta persona sentía que estaba perdiendo o lo hacía yo; a pesar de eso, me lo he pensado casi toda la semana: ¿Era que no alcanzaría algo que deseaba? ¿O es que se me quitaba algo que ya era mío? ¿Acaso estaba perdiendo en la discusión?

En este mundo si no gano, pierdo, ¿cierto? Pero, ¿es así siempre? ¿Tiene que serlo? Quiero lograr muchas cosas; sin embargo, no alcanzarlas no siempre significa que las pierdo. Puede ser, simplemente, que su vacío fue llenado por otras que llegaron inesperadamente, pero que fueron suficientes.
Por otra parte, las cosas que puedo comprar y llamar mías, las cambiaría mil y más veces por las personas y los momentos que no puedo comprar y de las que, definitivamente, no puedo apropiarme. Y si no tengo los argumentos bien fundamentados, ¿cómo no perder?

En mi caso, yo esperaba algo - con un profundo anhelo, eso sí -, pero, sin imaginarlo siquiera, ha llegado algo que no esperaba y ha sido suficiente. Más que suficiente. Sí, perder me duele, me pega en el orgullo, me hace cerrarme a mis sueños, pensar que no puedo lograr lo que me he propuesto, me desanima a seguir; mas no estoy dispuesta a asumir la pérdida como el final. Siempre hay más; aunque no siempre sea ganar y subir al podio.

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Relativista yo? Si usted quiere

Hay quiénes son más tranquilos que y los que se preocupan más; los que son más inteligentes y los que consideran que yo lo soy más; los que me quieren mejor de lo que yo los quiero y a los que yo quiero querer lo más que se pueda; los que han leído más que yo y los que tienen que leer más; los que me inspiran y los que me hacen cuestionar al humano... Pero, no es mi forma de ver la vida la mejor. Tampoco lo es la de los cristianos, la de los machistas o las feministas, o la de los izquierdistas o derechistas.

¿Relativista? No, rotundamente no. Pero no acepto que haya un solo marco de referencia, una sola respuesta. No acepto la uniformidad o la igualdad; sin embargo, prefiero la diversidad y la unicidad. Si el mundo fuera para la uniformidad, más que parecernos físicamente, pensaríamos igual y las percepciones no variarían de un individuo a otro. Y, más que aburrido, sería decepcionante ver tanto recurso invertido en tanta cosa igual.

domingo, 28 de julio de 2013

Lo quiero todo

Si solo tuviera que juzgar por lo que este momento me dice, siento que he llegado a un punto en el que no debo pedirle mucho a la vida, porque me veo a la luz de mis expectativas, sobre el escenario de lo que he logrado, y todavía no lo he alcanzado. Sí, eso, con lo que sueño. Y aun así, me rehúso a rendirme: quiero todo con lo que sueño.

Honestamente, sé que no lo conseguiré todo. Para ser aún más honesta, hoy mis sueños son muy diferentes a los que soñé cuando era niña, pero los sigo manteniendo y únicamente los cuento cuando no se han cumplido o veo que, de plano, no se cumplirán. Y esto lo hago, porque es que mis sueños son como un tesoro: toca tener el mapa bien escondido y el lugar muy secreto, hasta que se puede sacar y disfrutar. Sin embargo, los que sí se cumplieron, son mi realidad y no toca contarlos ya. Me dan esa satisfacción interna de que lo loco y ambicioso sí se puede obtener.

Una frase que leí por ahí, decía: "Los sueños solo mueren si muere el soñador". Pues.. todavía hay sueños.

lunes, 22 de julio de 2013

Abuelito, lo quiero mucho

Roberto Nieto Munguía

Me quedé con las ganas de sentarme en sus piernas y acariciar su rostro arrugado, sintiendo los vellos de su incipiente barba blanca y y de los ojitos que añoraban años pasados. Apenas lo vi algunas veces, pero siempre sentía el anhelo de llamarlo "abuelito" como hacían las niñitas de pelito rubio y rizado en las películas y, especialmente, porque usted me llamó nietecita.

Esta dedicatoria aparece en el libro La Virgen de la Paz. Breves apuntes militares y literarios.

Lo despedimos apenas unas cuántas personas. Quizá sus compañeros de la milicia no se dieron cuenta que ya partió, pero poco a poco les irán dando la noticia. Lo recordaba tan alto y robusto, pero antes de viajar - como dice con algo de nostalgia la abuela Esther - ya estaba delgadito y me renacía ese cariño de hace tantos años. Qué tontita me sentía tratando de comportarme con naturalidad frente a usted, cuando en otras ocasiones soy tan segura y tan propia, tan impulsiva y (dicharachera) desbocada en otras. Si en su rostro yo adivinaba mi mismo sentir, al menos eso me parece.

Lo extraño, de una forma tan especial... No viví ninguna etapa de mi vida con usted, pero con toda la gente que he conocido a lo largo del camino recorrido, en el último año me he dado cuenta que no hay como la familia; la que está apoyando, ayudando a crecer, corrigiendo, o al menos, anhelando un poquito del cariño familiar, claro. No toda la sangre compartida es familiar. Y lo quiero, lo quiero mucho abuelo.

viernes, 5 de julio de 2013

¿Un Santo General?

Hace unos días tomé un taxi directo para ir a la Francisco Morazán. Así se lo dije al taxista y, al parecer, entendió bien. Tomamos el Bulevar de las Fuerzas Armadas, luego el intercambio San Francisco y, cuando subíamos la cuesta, el conductor hizo un giro, que para mí no era conocido, y le pregunté "¿Esta calle va a la Francisco Morazán?". Sin perder tiempo, y hasta con una sonrisa (de alivio, creo), me preguntó de vuelta:  "¿Y es que usted va a la residencial?". ¡Ja! Le sonreí de vuelta y le dije que sí, que iba a la Residencial Francisco Morazán, mientras él casi me lleva a la San Francisco.

Imagen tomada de Centinela Económico

Sin embargo, ¿qué diantres salió mal en la conversación que no nos entendimos desde el inicio?

Él quería, para quedar más claros, que yo le hubiera dicho "Residencial Francisco Morazán", porque, así como hicimos el trato, él entendió que yo iba a la Colonia San Francisco. Y aunque sí hay diferencia entre residencial y colonia, el General Francisco Morazán no es un santo ni San Francisco lleva por apellido Morazán.

lunes, 10 de junio de 2013

¿Acaso yo puedo investigar?

He escuchado en muchas ocasiones que las personas investigan y van en busca de la respuesta y verdad en las cosas que les inquietan. De forma individual investigamos actitudes, relaciones causa-efecto, enfermedades, métodos para cocinar mejor, sentimientos, calidad de utensilios o herramientas...
Con ese discurso conocido, bastante conocido por muchos, argumentamos frente a estudiantes y colegas que la investigación científica no solo se da en la escuela, sino que es inherente al ser humano. Pero no enseñamos las formas de hacer investigación a los estudiantes. El atiborramiento de teoría en las clases de metodología de la investigación y  la práctica “empírica” de la investigación se convierten en suficiente razón para asumir que los universitarios investigan profesionalmente.

Imagen tomada de La Estrella

En algunos contextos, la educación superior parece estar pensada únicamente para formar y graduar a la fuerza laboral que se necesita en determinadas áreas de trabajo; no para instruir a individuos que conservarán, y consecuentemente incrementarán, el acervo cultural y científico para las próximas generaciones de un país. Considero que el pensamiento crítico y la propuesta teórica que un individuo puede crear no se enseña en la teoría de la educación superior, sino en la práctica de la educación como la conducción de una persona a través de la su vida.
Querer enseñar investigación como una clase en un espacio pedagógico específico es algo apreciable; pero no debería ser, nunca, el único espacio para ofrecer este aprendizaje. Además, se corre el riesgo – un riesgo que ya se ha materializado en la mayoría de los casos – de reducir la investigación solamente a su abordaje cuantitativo. En mi experiencia, la investigación cualitativa no tuvo pies o cabeza sin números y “datos objetivos” antes de cursar el módulo de metodología de la investigación en el programa de postgrado.
No se me enseñó a investigar. Ni siquiera a seguir un camino – tortuoso, indeseable, aburrido o interesante, motivador, deseable. Ninguno. – con el objetivo obtener resultados, saberes que se presentaran, no porque el libro los decía o porque la profesora los diera para recitarlos más tarde, sino que fueron obtenidos por un paseo personal por diferentes fuentes bibliográficas, preguntas a diferentes personas, y una experiencia de sorpresa constante ante la amplia gama de posibles respuestas que una sola pregunta puede generar.

No se me enseñó a cuestionar, sino a aceptar; no se me enseñó a preguntar, sino a repetir; tampoco se me enseñó a generar respuestas, sino a buscar las ya elaboradas. Y ahí yace mi reclamo. Al llegar al postgrado, cuando se supone que debería estar pletórica de situaciones problemáticas para las cuales deseo proponer una idea… me he sentido en blanco. ¿Qué es lo que no está bien en la enseñanza de lenguas? ¿Qué es lo que yo no hago bien como profesora? ¿Qué es lo que se debe mejorar? ¿Qué dificultades enfrentan mis alumnos? ¿Cómo puedo ayudarlos? "Pero, si para todo eso ya hay respuesta, ¿qué hago yo en esta vaina?”, fue la pregunta recurrente cada vez que me hablaban del problema de investigación.

Pero, no hay tiempo para hacer este tipo de reclamos. Toca empezar a cuestionar, a leer, a discutir ideas con los libros, con los compañeros, con los profesores – que ojalá estén dispuestos a ofrecer este ejercicio dialógico –. Toca citar autores expertos, eruditos de toda la vida que cambiaron el mundo por sus ideas; pero, sobretodo, toca empezar a proponer, a buscar alternativas, a generar conocimiento. No toca solo reproducir el conocimiento, es hora de generarlo. Y, de ser posible, llevar a cabo esta tarea no solo a nivel personal, sino involucrando a los estudiantes en la tarea, que encuentro apasionante, de estudiar, buscar respuestas y crecer como individuos y luego, fortalecer las sociedades.

Para concluir, deseo reconocer que algunos de mis mayores motivadores han sido mis compañeros de maestría, cuyos aportes, preguntas, retos, planeamientos, tertulias y disertaciones me han dejado una espinita por avanzar más y más. Entre mis profesores, aprecio lo que el Dr. Wolfgang Teschner, el M.Ed.. Edwin Medina y la Dra. Lidia Fromm me mostraron en cuanto a educación, crecimiento e investigación.
Posiblemente me tome una vida generar mi aporte, pero sé que esta publicación me forja un compromiso, no solo conmigo misma, sino uno más público y que conlleva mi propia palabra como persona ante cualquiera que lo requiera.

viernes, 7 de junio de 2013

La Alondra Negra - el final propuesto

La Alondra Negra es una novela de Isidro España; quien cuenta con una trayectoria como dramaturgo, escritor y periodista. Este es mi final propuesto cumpliendo con el requisito de una clase*, en ningún momento es un intento de mejorar, cambiar o desmeritar la obra original.


En una esquina, una vendedora de café caliente y pan dulce que algunas llaman pan de casa y otros pan de mujer, le gritó... “¡Lidia! ¿no hay nada por ahí?...” “¿Depende cuánto tenés?” respondió la Alondra, “quince centavos” dijo la mujer.**
La Alondra cogió los centavos que la mujer le dio y entonó tres versos de una canción. “¿Eso es todo?” inquirió la mujer. La Alondra, sonriente, le respondió... “!qué querés por quince centavos!”… y la miró de reojo.
Seguimos caminando y parecía que nos acercábamos la playa. La Alondra me contaba la vida que había llevado en los últimos años, cómo ganaba algunos centavos con sus canciones de gloria y las dos que compuse para ella. Me habló sobre los sueños que no la dejaban dormir cuando se le agolpaban en plena madrugada, en los que aparecían sus hijos y el japonés que la dejó, pidiéndole que les cantara una canción y luego otra y después otra; para luego despertarse con las lágrimas frías metiéndose en los oídos, empapándole la almohada y refrescándola del calor, sin poder respirar porque la nariz se le había llenado de mocos. Sentía que habíamos caminado mucho tiempo, pero no sabía si la tarde se había alargado o se había detenido. El cielo naranja parecía ser el mismo que vi cuando la encontré, con las nubes largas alineadas con el horizonte. Temía que me volviera a hablar de amores, porque recordé la madrugada en el Patio de la Alondra cuando me confesó estar enamorada de mí.
“Mirá, ese es el nuevo patio de la Alondra”, dijo. Cerca de la playa había levantado cuatro paredes para su cuartito y otras cuatro para encerrar la letrina. Tenía un fogón al lado del cuarto, y me invitó a tomar café. Me senté frente a la casita, mientras ella entró y revolvió algunos trastes. Salió con dos pocillos y un perolito para calentar el agua mientras cantaba una de las canciones que escribí para ella. La perdí de vista cuando fue a poner el agua, pero la escuchaba cantar mientras atizaba el fuego.
No supe en qué momento su canto y el ambiente se convirtieron en uno, pero me di cuenta que el tiempo ya había empezado a andar de nuevo porque anochecía y la Alondra no venía con el café. Cuando me levanté y rodeé el cuartito para ver si todo estaba bien, encontré el agua hirviendo y un pequeño pajarito posado sobre el techo del fogón detuvo su canto. La pequeña Alondra Negra, quietecita, volvió a cantar una vez más y echó a volar hasta que se escapó de mi vista por última vez.

* El curso corresponde al módulo Métodos y prácticas de la enseñanza-aprendizaje de la lectura en lengua española, del programa de Maestría en Enseñanza de Lenguas con orientación al español, en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.
** Este párrafo se mantuvo así como aparece originalmente en La Alondra Negra.

domingo, 2 de junio de 2013

La lectura y su función social

Este ensayo fue producto de una tarea en el programa de maestría, con la docente Melissa Merlo y responde a la solicitud de leer el bloque de lectura contemplado en el Diseño Curricular Nacional Básico y expresar nuestra opinión.
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El Diseño Curricular Nacional Básico (DCNB) aborda la lengua en cuatro bloques: lengua oral, lengua escrita -lectura y escritura-, reflexión sobre la lengua, y apreciación y creación literaria. Es el rescate de la función social de la lectura sobre el cual se basa este trabajo. Porque tengo algunas preguntas al respecto: ¿en qué consiste la lectura como función social? ¿Quién la promueve en la escuela y, sobre todo, fuera de ella? ¿Con qué libros?


Se habla mucho sobre la lectura como una actividad social, pero vemos cómo, actualmente, los lectores se distinguen más por su soledad e individualidad, y no por su socialización de la actividad. Por ejemplo, un grupo de estudiantes en la escuela que trabajé se jactaban de ser lectores asiduos, pero no compartían sus libros entre sí ni conocían las lecturas preferidas de sus compañeros ni leían en los tiempos muertos de la escuela. Este no es un ejemplo exhaustivo, pero en mi experiencia personal tampoco he encontrado los círculos en los cuales hablar sobre los libros que leo. Usualmente, la lectura se toma como una tarea obligada en la escuela o un acto silencioso de deleite, pero la mayoría de las veces es personal y no traspasa las fronteras del individuo.

Ana María Margallo (1) propone, para dinamizar el tiempo de la lectura, los estudiantes pueden compartir fragmentos o impresiones de los libros que han leído, ser expuestos o participar de lectura en voz alta, reforzar su autoimagen como lectores y abrir las fronteras del espacio de lectura. Tan importante es que la comprensión de la lectura personal se logre en un nivel óptimo, como lo es el hecho de entenderla como una actividad natural en los círculos sociales de quien la practica. ¿O será que es muy difícil llevar la lectura a casa? ¿Y a la escuela? Porque, a pesar de delinear un estándar de lectura en función de palabras por minuto –cuyo número está por definir–, el DCNB no esboza la necesidad de un espacio y tiempo de lectura en la escuela que le permita a los estudiantes esa formación prioritaria.

Un segundo pensamiento a considerar es la muerte del lector que, a pesar nuestro, hace Roger Chartier (2012) y que  es “diagnosticada” por las prácticas de lectura actuales, la crisis de la edición y la civilización de la pantalla. Es este último elemento el que definirá el futuro de la lectura, porque hemos visto que las páginas han sido sustituidas por los aparatos electrónicos casi sin miramiento de clase social o poder adquisitivo –eso sí, con marcadas diferencias en el nivel de tecnología adquirido–. Y la respuesta a esos cambios en la lectura la queremos dar nosotros, pero somos una generación que no lo hará; en cambio
La verdadera respuesta no se encuentra en los hábitos o los deseos de los lectores que entraron en el mundo digital a partir de sus experiencias como lectores de libros impresos. La respuesta pertenece a los nativos digitales que identifican cultura escrita y textualidad electrónica. (2)
Así, la función social de la lectura tiene, en estos momentos, dos retos en cuanto a su concepción: lograr su priorización e implementación con el impulso de la generación que asociamos lectura con libros, y sentar las bases para que las futuras generaciones puedan adoptarlos para sus comunidades más tecnológicas.

Refererencias

  1. Chartier, R. (2012). Leer la lectura. Seminario Internacional “¿Qué leer? ¿Cómo leer? Perspectivas sobre la lectura en la infancia", (págs. 1-17). Santiago.
  2. Margallo, A. M. (13 de marzo de 2012). Claves para formar lectores adolescentes con talento. Recuperado el 17 de mayo de 2013, de Docentes: http://docentes.leer.es/files/2012/03/art_prof_lectorescontalento_anamariamargallo.pdf

lunes, 11 de febrero de 2013

I belong with you, you belong with me...

Sí, la canción me tiene capturada. No sé mucho de música... yo la pongo, porque me tiene capturada.

Sonrío cuando la escucho, bonitos recuerdos me vienen a la mente y me ha dejado con ganas de seguir escuchando estos sonidos, estos instrumentos, estos ritmos...




sábado, 9 de febrero de 2013

Yo soñé cuando era niña...

Aquí estoy, contenta. Nuevamente contenta. No creo que todos los sábados serán igual de contentos, pero la variedad mejorará la experiencia, la espera... la grata sorpresa cuando consiga lo que espero en el mañana esperanzador.

Recuerdo muy bien cuando estaba en tercer grado. Miraba a mi maestra, de unos 25 años, y estaba segura que a esa edad todo estaría dicho; de ahí en adelante solo sería un seguir por inercia: tendría un carro propio (puede ser "auto" o "coche", pero es más de este lado del mundo llamarlo "carro"), un matrimonio feliz y andante, sería una profesional en tacones y con el pelo como el de Thalía en María la del barrio - cuando se casa con el millonario, claro... aunque siempre se lo miré lindo -, mi madre ya no trabajaría, mis padres seguirían juntos y, lo demás, solo sería continuar la alegría y vivir feliz para siempre.
Pero hace algunos años, cuando recordé eso - un día de esos en los que uno se pone a buscar en las gavetas empolvadas del coco - me juzgué: "Chigüina loca, ¿cómo ibas a tener todo listo en la vida a los 25? Qué loquita eras". Claro... había pasado uno de esos momentos reales (No reniego. Benditas sean las experiencias que hacen a uno colocar la cabeza en el cuello y no andarla como cometa).

Sin embargo, hace poco, volví a recordar ambos momentos, mis sueños en tercer grado y mi juicio a los veintitantos acerca de cuando tenía menos de 10. ¡Qué dura fui conmigo misma! Solo era una niña y tenía todo el derecho a pensar que alcanzaríamos la paz mundial para cuando cumpliera 18 si así gustaba.

Recordar ambos eventos me hace afirmar algo que me ronda la cabeza: es necesario que reflexionemos sobre quiénes somos, por qué hacemos lo que hacemos, que nos inspiremos si andamos por la calle de la amargura, que seamos francos con nosotros mismos y que tratemos de no posar ante nadie ni por nada.
¿Soy el mejor ejemplo de esto? ¡Qué va! Pero creo que ahí está el detalle: en que dentro de unos cuantos años volveré a ver hacia atrás y analizaré lo que he hecho, tomaré decisiones, evaluaré, valoraré mi trayectoria. Y no quiero encontrarme deficiente.
Es necesario que me ilusione, que me exprima para buscar sacarle el jugo a la existencia, que sonría, que aguante un poco lo malo, que disfrute lo bueno, que sea prudente, que respete, que estudie con ahínco  que descanse, que haga planes, que sueñe y me ilusione.

No sé si de aquí a dos, cinco, diez años tendré lo que hoy deseo. Definitivamente sé que, de mis sueños de niña, solo cuento con carro (y no es tan propio). Todavía trabajo en obtener lo demás; pero de no haber pasado por todo lo que hemos pasado (digo "hemos" porque mi Doñita y las hermanas van aquí metidas OBLIGATORIAMENTE, son el nudo con el que me he mantenido a flote) no habría aprendido las lecciones que he aprendido.

Si solo me enfocara en lo que no he logrado, dejaría a un lado a las personas que me han inspirado. Todas con sus defectos, pero con características, la mayoría de las veces, arrolladoras y con un reto para mí - que, aunque no me lo digan, lo hacen -. Si solo me enfocara en lo que no he logrado, no vería a los amigos que han estado pendientes en diferentes momentos; ni a la esperanza que un día me movió. Si solo me enfocara en lo que no he logrado, me diría que en dos, cinco o diez años no tendré por lo que me estoy muriendo del sueño últimamente y dejaría de desvelarme, de esforzarme, de seguir adelante por lo que creo que vale la pena.




P.D.

  • Tengo 26 años. Todavía no estoy ansiosa por decir "la edad de una mujer no se pregunta"; y para cuando lo sienta - probablemente dentro de dos o cuatro años - ya será muy tarde: la Internet lo habrá divulgado.
  • Si alguno no entiende el caliche hondureño (jerga hondureña, pues... qué gustosos), escríbalo en la barrita de Google, esa aguanta con todo.
  • No siempre escribiré reflexiones sobre mi vida, a veces será más ligero. Pero, el blog es para que pueda leerlo en unos años y recordarme que tengo un compromiso conmigo misma, con mi sueños y con los que están en mis sueños aunque estén lejos todavía.

sábado, 2 de febrero de 2013

Por qué no quiero vivir a medias

Si hubiera sido solo motivación personal me habría tomado mucho más tiempo escribir una primera entrada. Pero una serie de cambios me han motivado a hacerlo; por eso espero que este inicio y, con mucha esperanza digo esto, lo que seguirá apareciendo, sean una forma de rendir tributo a uno de esos cambios en mi vida. Te lo debo.

Eso sí, no estaba segura de cómo lo empezaría, ni qué tema trataría. Hasta que leí esto:
La vida es más compleja que nunca. Cientos de factores inciden en cualquier toma de decisión y en el análisis de las cosas ya no existen las verdades absolutas. Hoy en día, se puede argumentar una cosa y la contraria de forma solida y robusta. Incluso puede hacerlo la misma persona. De hecho, Telecinco ha generado un modelo de negocio de ello. 
Lo que provoca esta situación es un mundo en el que no pasa nada. Se hacen cambios, pero a medias, no vaya a ser... Se toman decisiones, pero con prudencia que... Se apuesta por iniciativas, aunque... Se cree en la gente, pero no pongo la mano en el fuego... Se deposita la confianza, pero fiarme, fiarme... Y a lo que nos lleva esa indecisión es a que las cosas no pasen de verdad, a que no pase nada. Nada de nada. 
(Leer el resto en Vivir a medias)
Ahora mismo, dos cosas son diferentes en mi vida: un nuevo trabajo - cambio completamente radical - y una esperanza que me tiene motivada. Ilusionada. Llena. Es una esperanza magnífica que se ha convertido en un pequeño (¿o era inmenso?), pero potente, motor.

Voy a tomar los tres factores que el señor del blog del que tomé el fragmento habla (es la primera vez que lo cito, pero buscando ejemplos de blogs, esa entrada me motivó a entregar este regalo... te lo debo. A usted, dueño del blog, siga escribiendo este tipos de cosas). Los tres factores de los que da cuenta sobre por qué la gente vive a medias son: falta de profundidad en nuestras reflexiones, miedo al fracaso y necesidad de control.
De la primera... creo que no carezco. Creo que mas bien soy una fuente inagotable de reflexiones (¿o soy muy pretenciosa con esto que digo?); pero, lo malo, es que estoy muy basada en las últimas dos. Odio fallar. Necesito el control.
Y, francamente, no tengo control sobre los fracasos, o sobre lo que puedo o no puedo controlar.

Así que estoy sentada aquí, después de una tarde maravillosa, pensando en el futuro... Claro, con los dos cambios rondándome la cabeza  (en la que a veces, según teoría de mi madre, se podría armar un nido). Sí, le tengo miedo al fracaso. Sí, necesito el control. Pero, mis reflexiones - vaya a saber usted qué tan profundas son, para mí lo son suficientemente como para que me muevan los próximos 15 o 20 años. ¿Será más? ¿Cuánto irá a ser? - me tienen convencida sobre lo que se viene.

Así que... ¿fracaso? Posiblemente, porque el riesgo existe, pero no lo tengo dentro de la ecuación - para ninguno de mis cambios en la vida -. Si fracaso a la primera... debo admitir que estoy determinada a buscar solventarlo. Si no es con estudios, será con trabajo. Si no es con trabajo, no sé, pero solo estoy pensando en el plan A, en el plan B y en el plan C, porque no deseo el "plan CH".
¿Necesidad de control? Seguro. Pero ambas situaciones me han dejado fuera del control, a excepción de un solo elemento que sí puedo (mas bien, debo) controlar: mis acciones

Es la primera entrada... como dice Calle 13, entren los que quieran.