jueves, 10 de abril de 2014

Sobre la muerte de mi padre

El sentimiento que me acompaña es indescriptible y sólo puede ser entendido por las miles de familias que en Honduras han pasado por lo mismo. El sábado mataron a mi papi, el abogado Roberto Nieto Cruz. Lo asesinaron.
Hoy sé que estas noticias no se leen o acompañan de la misma forma que cuando toca vivirlas. Y sé que tengo todo el derecho de estar triste y desconsolada, pero también exigiendo justicia. Sé que en el país la mayor parte de las leyes no están escritas o aprobadas por el legislativo, el ejecutivo o el judicial y eso significa que el derecho de muchas familias a la verdad, la justicia y la reparación está impedido justamente por los procesos institucionales y la abundancia de estos casos. ¿Cómo darse abasto entre tantos?

Sobre la verdad
Quisiera saber por qué le hicieron esto a mi padre, quién lo hizo y quién pidió que se hiciera, y quiero saber si son la misma persona. Quisiera saber cuánto costó si es que fue un encargo, si fue por uno de sus casos o si fue algo personal. No me interesa que la familia de el o los implicados sufra, porque no le deseo este sentimiento a nadie; y tampoco me interesa que el o los implicados sufra: les aseguro que aunque les multiplicaran el sufrimiento, no nos veríamos compensados. Sólo la verdad.

Sobre la justicia
Deseo una investigación completa. Sé que para los fiscales e investigadores esto será algo difícil y sé que los testigos que pudieran haber presenciado algo no querrán hablar. No los juzgo ni lo culpo, creo que en la situación del país la valentía no se mide por quién dice más, sino por quién tiene la valentía para asumir su responsabilidad frente a sus propios actos. Aún llegando a una sanción, ¿qué ganamos nosotros si ya lo perdimos a él?

Sobre la reparación
Esa es la más difícil, ¿porque quién devuelve a mi padre? Las heridas no serán sanadas con la verdad y la justicia, pero en un país en el que la impunidad impera, tenemos no sólo el derecho sino el deber de pronunciarnos y pedir que esto cambie. El constante sentimiento de incertidumbre y soledad frente a un sistema de país que parece estar perdido afecta a todos y, sobre todo, a las familias más pobres y más vulnerables.
No pido justicia divina, aunque no siento odio ni necesito perdonar. Lo único que necesito es la verdad; porque tengo la sospecha que la justicia se hará si a una investigación completa y con buen término la siguen muchas más: las de los casos que han quedado en el olvido y la de los casos que cada día llenan los medios de comunicación.

Para concluir, expresamente agradezco a mi tío Chito y su familia, a Pamela, a Melissa, a Marlencita, a Juanjo, a Mayra, a Sara y a mi Mami. Sin su apoyo y disposición incondicional, esos dos días se habrían vuelto más difíciles. A aquellos que se hicieron presentes y nos apoyaron, muchas gracias. A los que se van dando cuenta de la noticia en los días siguientes y piensan que llegan tarde, les aseguro que no: cada día es una nueva lucha y ojalá pueda yo ayudarlos en las suyas, pero sí deseo que sean distintas. Sinceramente lo espero.

viernes, 4 de abril de 2014

Añorar no es tan fácil

Que todo tiempo pasado es peor,
no hay tiempo perdido peor,
que el perdido en añorar.
- Jorge Drexler

Añorar no es tan fácil.

Por lo que se ha perdido conlleva dolor y amor, frustración y exaltación; requiere esfuerzo para mantener vivo el recuerdo y empaparse en la pena sentida como una especie de evasión entre lo que se vive y lo que se desea. Pero no añoro algo ya vivido.

Es posible que los sueños que nunca nos atrevimos a buscar y perseguir para traerlos de los ojos suspendidos en un punto fijo del horizonte a nuestras manos sean los que más añoramos. Quizá para otros esto nos sea así. Quizá es muy tarde y no estoy pensando bien. Quizá estoy cansada. Quizá la corrección política ya fue suficiente. Quizá el amor me dijo, en las letras que siempre espero, que era mi momento. Quizá yo sabía que es mi momento - que siempre lo ha sido -, pero el espejo en el que me reflejé me devolvió la imagen que no quería ver: "el día que desaparezcan la mitad de tus miedos... tendrás media vida ganada". Pucha, no pensé que lo hubieras notado.

Ni idea de cómo echarlos fuera. No sé dónde está la salida de emergencia para enviarlos al carajo y descargar un poco el bus - los aviones me dan miedo -, porque el camino es insoportable arrastrando todo lo que siempre supuse debía tener en cuenta para el viaje. Pero las palabras, las tuyas, me sirvieron de espejo. No para reflejarme los miedos - que vos y yo ya sabíamos que los tengo -, sino para recordarme que tengo la vida empeñada en ellos.

Es posible que le vida se me vaya en deshacerme de ellos uno a uno, porque esta limpieza lleva más tiempo que la que me echo encima los fines de semana por la mañana. "Es de vital importancia", diría el titular de la verdad en las manos. La libertad que debo tener la he encorralado yo sola. Vos lo sabés y yo lo admití.