Sonrío cuando la escucho, bonitos recuerdos me vienen a la mente y me ha dejado con ganas de seguir escuchando estos sonidos, estos instrumentos, estos ritmos...
lunes, 11 de febrero de 2013
I belong with you, you belong with me...
Sí, la canción me tiene capturada. No sé mucho de música... yo la pongo, porque me tiene capturada.
Sonrío cuando la escucho, bonitos recuerdos me vienen a la mente y me ha dejado con ganas de seguir escuchando estos sonidos, estos instrumentos, estos ritmos...
Sonrío cuando la escucho, bonitos recuerdos me vienen a la mente y me ha dejado con ganas de seguir escuchando estos sonidos, estos instrumentos, estos ritmos...
sábado, 9 de febrero de 2013
Yo soñé cuando era niña...
Aquí estoy, contenta. Nuevamente contenta. No creo que todos los sábados serán igual de contentos, pero la variedad mejorará la experiencia, la espera... la grata sorpresa cuando consiga lo que espero en el mañana esperanzador.
Recuerdo muy bien cuando estaba en tercer grado. Miraba a mi maestra, de unos 25 años, y estaba segura que a esa edad todo estaría dicho; de ahí en adelante solo sería un seguir por inercia: tendría un carro propio (puede ser "auto" o "coche", pero es más de este lado del mundo llamarlo "carro"), un matrimonio feliz y andante, sería una profesional en tacones y con el pelo como el de Thalía en María la del barrio - cuando se casa con el millonario, claro... aunque siempre se lo miré lindo -, mi madre ya no trabajaría, mis padres seguirían juntos y, lo demás, solo sería continuar la alegría y vivir feliz para siempre.
Pero hace algunos años, cuando recordé eso - un día de esos en los que uno se pone a buscar en las gavetas empolvadas del coco - me juzgué: "Chigüina loca, ¿cómo ibas a tener todo listo en la vida a los 25? Qué loquita eras". Claro... había pasado uno de esos momentos reales (No reniego. Benditas sean las experiencias que hacen a uno colocar la cabeza en el cuello y no andarla como cometa).
Sin embargo, hace poco, volví a recordar ambos momentos, mis sueños en tercer grado y mi juicio a los veintitantos acerca de cuando tenía menos de 10. ¡Qué dura fui conmigo misma! Solo era una niña y tenía todo el derecho a pensar que alcanzaríamos la paz mundial para cuando cumpliera 18 si así gustaba.
Recordar ambos eventos me hace afirmar algo que me ronda la cabeza: es necesario que reflexionemos sobre quiénes somos, por qué hacemos lo que hacemos, que nos inspiremos si andamos por la calle de la amargura, que seamos francos con nosotros mismos y que tratemos de no posar ante nadie ni por nada.
¿Soy el mejor ejemplo de esto? ¡Qué va! Pero creo que ahí está el detalle: en que dentro de unos cuantos años volveré a ver hacia atrás y analizaré lo que he hecho, tomaré decisiones, evaluaré, valoraré mi trayectoria. Y no quiero encontrarme deficiente.
Es necesario que me ilusione, que me exprima para buscar sacarle el jugo a la existencia, que sonría, que aguante un poco lo malo, que disfrute lo bueno, que sea prudente, que respete, que estudie con ahínco que descanse, que haga planes, que sueñe y me ilusione.
No sé si de aquí a dos, cinco, diez años tendré lo que hoy deseo. Definitivamente sé que, de mis sueños de niña, solo cuento con carro (y no es tan propio). Todavía trabajo en obtener lo demás; pero de no haber pasado por todo lo que hemos pasado (digo "hemos" porque mi Doñita y las hermanas van aquí metidas OBLIGATORIAMENTE, son el nudo con el que me he mantenido a flote) no habría aprendido las lecciones que he aprendido.
Si solo me enfocara en lo que no he logrado, dejaría a un lado a las personas que me han inspirado. Todas con sus defectos, pero con características, la mayoría de las veces, arrolladoras y con un reto para mí - que, aunque no me lo digan, lo hacen -. Si solo me enfocara en lo que no he logrado, no vería a los amigos que han estado pendientes en diferentes momentos; ni a la esperanza que un día me movió. Si solo me enfocara en lo que no he logrado, me diría que en dos, cinco o diez años no tendré por lo que me estoy muriendo del sueño últimamente y dejaría de desvelarme, de esforzarme, de seguir adelante por lo que creo que vale la pena.
P.D.
Recuerdo muy bien cuando estaba en tercer grado. Miraba a mi maestra, de unos 25 años, y estaba segura que a esa edad todo estaría dicho; de ahí en adelante solo sería un seguir por inercia: tendría un carro propio (puede ser "auto" o "coche", pero es más de este lado del mundo llamarlo "carro"), un matrimonio feliz y andante, sería una profesional en tacones y con el pelo como el de Thalía en María la del barrio - cuando se casa con el millonario, claro... aunque siempre se lo miré lindo -, mi madre ya no trabajaría, mis padres seguirían juntos y, lo demás, solo sería continuar la alegría y vivir feliz para siempre.
Pero hace algunos años, cuando recordé eso - un día de esos en los que uno se pone a buscar en las gavetas empolvadas del coco - me juzgué: "Chigüina loca, ¿cómo ibas a tener todo listo en la vida a los 25? Qué loquita eras". Claro... había pasado uno de esos momentos reales (No reniego. Benditas sean las experiencias que hacen a uno colocar la cabeza en el cuello y no andarla como cometa).
Sin embargo, hace poco, volví a recordar ambos momentos, mis sueños en tercer grado y mi juicio a los veintitantos acerca de cuando tenía menos de 10. ¡Qué dura fui conmigo misma! Solo era una niña y tenía todo el derecho a pensar que alcanzaríamos la paz mundial para cuando cumpliera 18 si así gustaba.
Recordar ambos eventos me hace afirmar algo que me ronda la cabeza: es necesario que reflexionemos sobre quiénes somos, por qué hacemos lo que hacemos, que nos inspiremos si andamos por la calle de la amargura, que seamos francos con nosotros mismos y que tratemos de no posar ante nadie ni por nada.
¿Soy el mejor ejemplo de esto? ¡Qué va! Pero creo que ahí está el detalle: en que dentro de unos cuantos años volveré a ver hacia atrás y analizaré lo que he hecho, tomaré decisiones, evaluaré, valoraré mi trayectoria. Y no quiero encontrarme deficiente.
Es necesario que me ilusione, que me exprima para buscar sacarle el jugo a la existencia, que sonría, que aguante un poco lo malo, que disfrute lo bueno, que sea prudente, que respete, que estudie con ahínco que descanse, que haga planes, que sueñe y me ilusione.
No sé si de aquí a dos, cinco, diez años tendré lo que hoy deseo. Definitivamente sé que, de mis sueños de niña, solo cuento con carro (y no es tan propio). Todavía trabajo en obtener lo demás; pero de no haber pasado por todo lo que hemos pasado (digo "hemos" porque mi Doñita y las hermanas van aquí metidas OBLIGATORIAMENTE, son el nudo con el que me he mantenido a flote) no habría aprendido las lecciones que he aprendido.
Si solo me enfocara en lo que no he logrado, dejaría a un lado a las personas que me han inspirado. Todas con sus defectos, pero con características, la mayoría de las veces, arrolladoras y con un reto para mí - que, aunque no me lo digan, lo hacen -. Si solo me enfocara en lo que no he logrado, no vería a los amigos que han estado pendientes en diferentes momentos; ni a la esperanza que un día me movió. Si solo me enfocara en lo que no he logrado, me diría que en dos, cinco o diez años no tendré por lo que me estoy muriendo del sueño últimamente y dejaría de desvelarme, de esforzarme, de seguir adelante por lo que creo que vale la pena.
P.D.
- Tengo 26 años. Todavía no estoy ansiosa por decir "la edad de una mujer no se pregunta"; y para cuando lo sienta - probablemente dentro de dos o cuatro años - ya será muy tarde: la Internet lo habrá divulgado.
- Si alguno no entiende el caliche hondureño (jerga hondureña, pues... qué gustosos), escríbalo en la barrita de Google, esa aguanta con todo.
- No siempre escribiré reflexiones sobre mi vida, a veces será más ligero. Pero, el blog es para que pueda leerlo en unos años y recordarme que tengo un compromiso conmigo misma, con mi sueños y con los que están en mis sueños aunque estén lejos todavía.
sábado, 2 de febrero de 2013
Por qué no quiero vivir a medias
Si hubiera sido solo motivación personal me habría tomado mucho más tiempo escribir una primera entrada. Pero una serie de cambios me han motivado a hacerlo; por eso espero que este inicio y, con mucha esperanza digo esto, lo que seguirá apareciendo, sean una forma de rendir tributo a uno de esos cambios en mi vida. Te lo debo.
Eso sí, no estaba segura de cómo lo empezaría, ni qué tema trataría. Hasta que leí esto:
Voy a tomar los tres factores que el señor del blog del que tomé el fragmento habla (es la primera vez que lo cito, pero buscando ejemplos de blogs, esa entrada me motivó a entregar este regalo... te lo debo. A usted, dueño del blog, siga escribiendo este tipos de cosas). Los tres factores de los que da cuenta sobre por qué la gente vive a medias son: falta de profundidad en nuestras reflexiones, miedo al fracaso y necesidad de control.
De la primera... creo que no carezco. Creo que mas bien soy una fuente inagotable de reflexiones (¿o soy muy pretenciosa con esto que digo?); pero, lo malo, es que estoy muy basada en las últimas dos. Odio fallar. Necesito el control.
Y, francamente, no tengo control sobre los fracasos, o sobre lo que puedo o no puedo controlar.
Así que estoy sentada aquí, después de una tarde maravillosa, pensando en el futuro... Claro, con los dos cambios rondándome la cabeza (en la que a veces, según teoría de mi madre, se podría armar un nido). Sí, le tengo miedo al fracaso. Sí, necesito el control. Pero, mis reflexiones - vaya a saber usted qué tan profundas son, para mí lo son suficientemente como para que me muevan los próximos 15 o 20 años. ¿Será más? ¿Cuánto irá a ser? - me tienen convencida sobre lo que se viene.
Así que... ¿fracaso? Posiblemente, porque el riesgo existe, pero no lo tengo dentro de la ecuación - para ninguno de mis cambios en la vida -. Si fracaso a la primera... debo admitir que estoy determinada a buscar solventarlo. Si no es con estudios, será con trabajo. Si no es con trabajo, no sé, pero solo estoy pensando en el plan A, en el plan B y en el plan C, porque no deseo el "plan CH".
¿Necesidad de control? Seguro. Pero ambas situaciones me han dejado fuera del control, a excepción de un solo elemento que sí puedo (mas bien, debo) controlar: mis acciones
Es la primera entrada... como dice Calle 13, entren los que quieran.
Eso sí, no estaba segura de cómo lo empezaría, ni qué tema trataría. Hasta que leí esto:
La vida es más compleja que nunca. Cientos de factores inciden en cualquier toma de decisión y en el análisis de las cosas ya no existen las verdades absolutas. Hoy en día, se puede argumentar una cosa y la contraria de forma solida y robusta. Incluso puede hacerlo la misma persona. De hecho, Telecinco ha generado un modelo de negocio de ello.
Lo que provoca esta situación es un mundo en el que no pasa nada. Se hacen cambios, pero a medias, no vaya a ser... Se toman decisiones, pero con prudencia que... Se apuesta por iniciativas, aunque... Se cree en la gente, pero no pongo la mano en el fuego... Se deposita la confianza, pero fiarme, fiarme... Y a lo que nos lleva esa indecisión es a que las cosas no pasen de verdad, a que no pase nada. Nada de nada.
(Leer el resto en Vivir a medias)Ahora mismo, dos cosas son diferentes en mi vida: un nuevo trabajo - cambio completamente radical - y una esperanza que me tiene motivada. Ilusionada. Llena. Es una esperanza magnífica que se ha convertido en un pequeño (¿o era inmenso?), pero potente, motor.
Voy a tomar los tres factores que el señor del blog del que tomé el fragmento habla (es la primera vez que lo cito, pero buscando ejemplos de blogs, esa entrada me motivó a entregar este regalo... te lo debo. A usted, dueño del blog, siga escribiendo este tipos de cosas). Los tres factores de los que da cuenta sobre por qué la gente vive a medias son: falta de profundidad en nuestras reflexiones, miedo al fracaso y necesidad de control.
De la primera... creo que no carezco. Creo que mas bien soy una fuente inagotable de reflexiones (¿o soy muy pretenciosa con esto que digo?); pero, lo malo, es que estoy muy basada en las últimas dos. Odio fallar. Necesito el control.
Y, francamente, no tengo control sobre los fracasos, o sobre lo que puedo o no puedo controlar.
Así que estoy sentada aquí, después de una tarde maravillosa, pensando en el futuro... Claro, con los dos cambios rondándome la cabeza (en la que a veces, según teoría de mi madre, se podría armar un nido). Sí, le tengo miedo al fracaso. Sí, necesito el control. Pero, mis reflexiones - vaya a saber usted qué tan profundas son, para mí lo son suficientemente como para que me muevan los próximos 15 o 20 años. ¿Será más? ¿Cuánto irá a ser? - me tienen convencida sobre lo que se viene.
Así que... ¿fracaso? Posiblemente, porque el riesgo existe, pero no lo tengo dentro de la ecuación - para ninguno de mis cambios en la vida -. Si fracaso a la primera... debo admitir que estoy determinada a buscar solventarlo. Si no es con estudios, será con trabajo. Si no es con trabajo, no sé, pero solo estoy pensando en el plan A, en el plan B y en el plan C, porque no deseo el "plan CH".
¿Necesidad de control? Seguro. Pero ambas situaciones me han dejado fuera del control, a excepción de un solo elemento que sí puedo (mas bien, debo) controlar: mis acciones
Es la primera entrada... como dice Calle 13, entren los que quieran.
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