Si solo tuviera que juzgar por lo que este momento me dice, siento que he llegado a un punto en el que no debo pedirle mucho a la vida, porque me veo a la luz de mis expectativas, sobre el escenario de lo que he logrado, y todavía no lo he alcanzado. Sí, eso, con lo que sueño. Y aun así, me rehúso a rendirme: quiero todo con lo que sueño.
Honestamente, sé que no lo conseguiré todo. Para ser aún más honesta, hoy mis sueños son muy diferentes a los que soñé cuando era niña, pero los sigo manteniendo y únicamente los cuento cuando no se han cumplido o veo que, de plano, no se cumplirán. Y esto lo hago, porque es que mis sueños son como un tesoro: toca tener el mapa bien escondido y el lugar muy secreto, hasta que se puede sacar y disfrutar. Sin embargo, los que sí se cumplieron, son mi realidad y no toca contarlos ya. Me dan esa satisfacción interna de que lo loco y ambicioso sí se puede obtener.
Una frase que leí por ahí, decía: "Los sueños solo mueren si muere el soñador". Pues.. todavía hay sueños.
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