Con ese discurso conocido, bastante conocido por muchos, argumentamos frente a estudiantes y colegas que la investigación científica no solo se da en la escuela, sino que es inherente al ser humano. Pero no enseñamos las formas de hacer investigación a los estudiantes. El atiborramiento de teoría en las clases de metodología de la investigación y la práctica “empírica” de la investigación se convierten en suficiente razón para asumir que los universitarios investigan profesionalmente.
Imagen tomada de La Estrella
En algunos contextos, la educación superior parece estar pensada únicamente para formar y graduar a la fuerza laboral que se necesita en determinadas áreas de trabajo; no para instruir a individuos que conservarán, y consecuentemente incrementarán, el acervo cultural y científico para las próximas generaciones de un país. Considero que el pensamiento crítico y la propuesta teórica que un individuo puede crear no se enseña en la teoría de la educación superior, sino en la práctica de la educación como la conducción de una persona a través de
Querer enseñar investigación como una clase en un espacio pedagógico específico es algo apreciable; pero no debería ser, nunca, el único espacio para ofrecer este aprendizaje. Además, se corre el riesgo – un riesgo que ya se ha materializado en la mayoría de los casos – de reducir la investigación solamente a su abordaje cuantitativo. En mi experiencia, la investigación cualitativa no tuvo pies o cabeza sin números y “datos objetivos” antes de cursar el módulo de metodología de la investigación en el programa de postgrado.
No se me enseñó a investigar. Ni siquiera a seguir un camino – tortuoso, indeseable, aburrido o interesante, motivador, deseable. Ninguno. – con el objetivo obtener resultados, saberes que se presentaran, no porque el libro los decía o porque la profesora los diera para recitarlos más tarde, sino que fueron obtenidos por un paseo personal por diferentes fuentes bibliográficas, preguntas a diferentes personas, y una experiencia de sorpresa constante ante la amplia gama de posibles respuestas que una sola pregunta puede generar.
No se me enseñó a cuestionar, sino a aceptar; no se me enseñó a preguntar, sino a repetir; tampoco se me enseñó a generar respuestas, sino a buscar las ya elaboradas. Y ahí yace mi reclamo. Al llegar al postgrado, cuando se supone que debería estar pletórica de situaciones problemáticas para las cuales deseo proponer una idea… me he sentido en blanco. ¿Qué es lo que no está bien en la enseñanza de lenguas? ¿Qué es lo que yo no hago bien como profesora? ¿Qué es lo que se debe mejorar? ¿Qué dificultades enfrentan mis alumnos? ¿Cómo puedo ayudarlos? "Pero, si para todo eso ya hay respuesta, ¿qué hago yo en esta vaina?”, fue la pregunta recurrente cada vez que me hablaban del problema de investigación.
Pero, no hay tiempo para hacer este tipo de reclamos. Toca empezar a cuestionar, a leer, a discutir ideas con los libros, con los compañeros, con los profesores – que ojalá estén dispuestos a ofrecer este ejercicio dialógico –. Toca citar autores expertos, eruditos de toda la vida que cambiaron el mundo por sus ideas; pero, sobretodo, toca empezar a proponer, a buscar alternativas, a generar conocimiento. No toca solo reproducir el conocimiento, es hora de generarlo. Y, de ser posible, llevar a cabo esta tarea no solo a nivel personal, sino involucrando a los estudiantes en la tarea, que encuentro apasionante, de estudiar, buscar respuestas y crecer como individuos y luego, fortalecer las sociedades.
Para concluir, deseo reconocer que algunos de mis mayores motivadores han sido mis compañeros de maestría, cuyos aportes, preguntas, retos, planeamientos, tertulias y disertaciones me han dejado una espinita por avanzar más y más. Entre mis profesores, aprecio lo que el Dr. Wolfgang Teschner, el M.Ed.. Edwin Medina y la Dra. Lidia Fromm me mostraron en cuanto a educación, crecimiento e investigación.
Posiblemente me tome una vida generar mi aporte, pero sé que esta publicación me forja un compromiso, no solo conmigo misma, sino uno más público y que conlleva mi propia palabra como persona ante cualquiera que lo requiera.
Muy buena la reflexión; creo que todos los que hemos cursado la clase de Metodología de la Investigación, nos hemos hecho la misma pregunta; y es muy importante que como docentes podamos inculcar en los alumnos ese mismo deseo por investigar y por descubrir, sobre todo en nuestra área, que es el idioma Español (precioso idioma) y en el cual hay todavía mucho por descubrir...
ResponderBorrarFelicidades!
ALi, muchas gracias por pasar un rato por aquí. También creo que el componente "investigación" debe estar presente a lo largo de la educación de una persona.
BorrarEspero leernos seguido, :)