Que todo tiempo pasado es peor,
no hay tiempo perdido peor,
que el perdido en añorar.
- Jorge Drexler
Añorar no es tan fácil.
Por lo que se ha perdido conlleva dolor y amor, frustración y exaltación; requiere esfuerzo para mantener vivo el recuerdo y empaparse en la pena sentida como una especie de evasión entre lo que se vive y lo que se desea. Pero no añoro algo ya vivido.
Es posible que los sueños que nunca nos atrevimos a buscar y perseguir para traerlos de los ojos suspendidos en un punto fijo del horizonte a nuestras manos sean los que más añoramos. Quizá para otros esto nos sea así. Quizá es muy tarde y no estoy pensando bien. Quizá estoy cansada. Quizá la corrección política ya fue suficiente. Quizá el amor me dijo, en las letras que siempre espero, que era mi momento. Quizá yo sabía que es mi momento - que siempre lo ha sido -, pero el espejo en el que me reflejé me devolvió la imagen que no quería ver: "el día que desaparezcan la mitad de tus miedos... tendrás media vida ganada". Pucha, no pensé que lo hubieras notado.
Ni idea de cómo echarlos fuera. No sé dónde está la salida de emergencia para enviarlos al carajo y descargar un poco el bus - los aviones me dan miedo -, porque el camino es insoportable arrastrando todo lo que siempre supuse debía tener en cuenta para el viaje. Pero las palabras, las tuyas, me sirvieron de espejo. No para reflejarme los miedos - que vos y yo ya sabíamos que los tengo -, sino para recordarme que tengo la vida empeñada en ellos.
Es posible que le vida se me vaya en deshacerme de ellos uno a uno, porque esta limpieza lleva más tiempo que la que me echo encima los fines de semana por la mañana. "Es de vital importancia", diría el titular de la verdad en las manos. La libertad que debo tener la he encorralado yo sola. Vos lo sabés y yo lo admití.
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