sábado, 10 de agosto de 2013

Si no gano, ¿pierdo?

"Cuántas cosas perdemos por miedo a perder".

Me dijeron esto, mas no sé si porque esta persona sentía que estaba perdiendo o lo hacía yo; a pesar de eso, me lo he pensado casi toda la semana: ¿Era que no alcanzaría algo que deseaba? ¿O es que se me quitaba algo que ya era mío? ¿Acaso estaba perdiendo en la discusión?

En este mundo si no gano, pierdo, ¿cierto? Pero, ¿es así siempre? ¿Tiene que serlo? Quiero lograr muchas cosas; sin embargo, no alcanzarlas no siempre significa que las pierdo. Puede ser, simplemente, que su vacío fue llenado por otras que llegaron inesperadamente, pero que fueron suficientes.
Por otra parte, las cosas que puedo comprar y llamar mías, las cambiaría mil y más veces por las personas y los momentos que no puedo comprar y de las que, definitivamente, no puedo apropiarme. Y si no tengo los argumentos bien fundamentados, ¿cómo no perder?

En mi caso, yo esperaba algo - con un profundo anhelo, eso sí -, pero, sin imaginarlo siquiera, ha llegado algo que no esperaba y ha sido suficiente. Más que suficiente. Sí, perder me duele, me pega en el orgullo, me hace cerrarme a mis sueños, pensar que no puedo lograr lo que me he propuesto, me desanima a seguir; mas no estoy dispuesta a asumir la pérdida como el final. Siempre hay más; aunque no siempre sea ganar y subir al podio.

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