miércoles, 27 de agosto de 2014

El profesor


Ojalá todavía estuviera aquí, así no lo extrañaría tanto y yo no sentiría tanto frío, pero le hubiera sido mejor no ser un traicionero. Al menos no conmigo. Se miraba tan profundo y genuino cuando nos daba la clase y ojalá hubiera sido así de verdad; porque ahora no tendría yo este sentimiento.
- Veo que le gusta llegar temprano -, me dijo el primer día que se dirigió a mí.
- Salgo temprano del trabajo y prefiero venir aquí, a leer un poco. –
Y justo ese día no llevé ni un libro, así que si él no hubiera mantenido la conversación habría quedado como una mentirosa. No lo soy, él sí.
Me gustaba observarlo por lo que no participé durante dos clases. Me atraían sus ademanes, sus gestos, sus respuestas. Entonces no me di cuenta que le gustaba escucharse a sí mismo hilvanando ideas y perorando sobre sus conocimientos. Si no leía un libro mientras me tomaba un café después de la clase, me gustaba hacerme preguntas, contestarme viejos cuestionamientos, repasar actividades, sacar conclusiones, pero esa noche su voz me sacó del espacio cómodo de mi soledad.
- ¿Se toma otro café? - lo preguntó porque traía dos tazas y me dio a escoger entre un café negro y un capuccino. Solo y sin azúcar, así es como me gustan.
Hablamos largo rato. "La acompaño hasta su carro", me dijo cuando nos despedíamos. Cuando le dije que iba a tomar el taxi colectivo en el punto frente a la universidad me dijo que no, que me llevaba, que insistía en darme jalón porque es que seguro me había quedado más tiempo por platicar con él. Y era cierto, pero también era cierto que lo vi mirarme mientras tomábamos el café y me di cuenta de las sonrisas que yo le di, y sabía que habíamos deseado unos minutos atrás la oscuridad de un espacio a solas.
Llevaba un anillo de casado, pero dijo dos veces dijo mientras hablábamos que tenía problemas con su mujer y yo sentía que era cierto y que tenía que disfrutar ese tiempo, pero es que tampoco sospechaba de una mentira, porque me parecía incongruente para el momento.
Y él tenía sus cosas extrañas; cuando se levantó de la cama, tocó, como haciendo una plegaria muy rápida, las cuentas del rosario que colgaba a un lado del espejo. Entonces lo encontré enigmático, pero no mentiroso.
Sé que anoche se sentía mal cuando salió del apartamento. "Entendelo, quien no está es como si no viviera, pero ha decidido volver y yo he aceptado". Mientras se bañaba, miré el rosario que él tocaba siempre, antes de irse. Ni a eso le tenía respeto el mentiroso. Antes de salir se acercó al espejo y extendió la mano, se detuvo y pensé que el polvo le detendría, pero hizo lo de siempre.
Hoy debía ser la reunión de despedida de esta clase; pero menos mal que nos llamaron para cancelarla mientras todavía estaba en mi casa. Dijeron que darían más explicaciones después.
- Encontraron al profesor ayer, su carro pegó en una mediana anoche y hoy han dicho que perdió la conciencia mientras conducía.
Cuando colgamos fui a lavar el rosario, porque el profesor era un mentiroso y lo había tocado.

Agosto de 2013.

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